"Si lo sé nunca hubiera venido", dice el senegalés Mamadou Niang. Recuerda los doce días que pasó en el cayuco, hace poco más de un año y afirma que "es muy duro y triste". "En Senegal nos dicen que en España todo es mucho más fácil y hay más trabajo. Pero no es la verdad". Un gran número se arrepienten. "Si lo llego a saber, no vengo".
Mamadou nació en Dakar hace 25 años, ahora vive en Lavapiés con un amigo y trabaja como soldador cuando le llaman en la Casa de inmigrantes de Entrevías. Allí van muchos que como él dejaron todo para tener una nueva vida en España. Mamadou vino en un cayuco con 154 personas más. Recuerda con tristeza como empezó el viaje en aquella patera a la que muchos llaman 'Titanic', por sus casi 20 metros de eslora.
Lo peor del viaje de este senegalés fue sin duda el hambre y el frío. "Estuvimos empapados todo el viaje. Ni un solo momento tuvimos la ropa seca. A los diez días se acabó la comida y tuvimos que pasar dos sin comer ni beber nada". Antes de llegar a Tenerife su patera fue avistada por la Guardia Civil.
Lo mismo le pasó a Leopold Mendy. De los 120 que vinieron sólo 32 lograron quedarse en nuestro país. Leopold es otro senegalés que llegó a nuestro país en patera, pero ha tenido menos suerte pues aún no ha encontrado trabajo y estudia para trabajar de albañil o electricista. No obstante se siente afortunado, "vivo en casa de un amigo, tengo suerte porque muchos duermen en la calle".
Ambos pagaron cifras millonarias para embarcarse en una aventura de la que esperaban todo muy diferente. Mamadou pagó 1.000 euros y Leopold 500 más. En la patera viaja un capitán y 4 ó 5 responsables pero cuando llegan a su destino todos son iguales. "Si preguntan por el capitán, no tenemos", explica Mamadou.
Cuando llegaron a Tenerife ambos se alojaron en un centro de internamiento. Mamadou llegó a pasar hasta un mes y siete días. Allí les proporcionan cama en literas de cuatro alturas y les dan de comer a más de 800 como ellos. "Luego te preguntan donde quieres ir, si tienes algún amigo o familiar, le llaman y si quieren que vayas te compran un billete. A mí me lo compró Elena , una trabajadora de Cruz Roja y me viene a Madrid", recuerda.
Así es como cada uno llega a su destino. Una vez allí empieza una nueva vida con más complicaciones de las que esperaban. Mamadou y Leopold lo tienen claro. "La única forma de venir es con contrato. Venir en patera, no vale para nada"
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