Calentura mahometana por la conversión de un periodista
En cuanto fe, el Islam es un don divino. En cuanto don, es dado por Dios por gracia. Cómo una persona responde a este don es materia propiamente íntima entre esta persona y Dios.
El alma de Magdi Allam es ampliamente conocida, y juzgada, por su Creador. Es Dios quien lo juzgará arriba según como ha respondido al don de la fe. Él es responsable frente a su Creador en los límites de su libertad y capacidad. El hecho que Allam haya recibido la comunión católica en edad joven bajo la influencia de sus primeros maestros católicos parece indicar que él fue cristianizado cuando era niño. Por efecto de esta inicial educación católica, resulta que él no ha sostenido o practicado la doctrina del Islam nunca.
El caso de Allam nos recuerda, una vez más, la legítima preocupación de muchos expertos musulmanes acerca del abuso de confianza que a veces se tiene cuando los padres musulmanes, por motivos económicos o de otro tipo, mandan a sus hijos a escuelas católicas. Lo que les ocurre a los niños, incluso musulmanes, en las escuelas católicas es materia que debe ser discutida cada vez que se afronta la “dignidad humana” en las discusiones que vendrán. El uso de las escuelas para hacer proselitismo es una de las cuestiones importantes a discutir.
En cuanto a la deliberada y provocante decisión del Vaticano de bautizar a Allam en una ocasión tan especial y en un modo tan espectacular, es suficiente decir lo siguiente:
1. Es triste que el acto íntimo y personal de una conversión religiosa sea transformado en un medio triunfalista para marcar un punto de ventaja. Una instrumentalización semejante de una persona y de su conversión es contraria a los principios fundamentales de afirmación de la dignidad humana. Más aún, llega en el momento más infeliz, cuando honestos representantes musulmanes y católicos están trabajando con mucho esfuerzo por sanar las fracturas entre las dos comunidades.
2. Es triste que la particular elección para tal gesto altamente público tenga una historia que ha generado, y continúa generando, discursos de odio. El mensaje fundamental del último artículo de Allam es idéntico al mensaje del emperador bizantino citado por el Papa en su infame lección de Ratisbona. No es lejano de la verdad ver esto como otro modo de reafirmar el mensaje de Ratisbona (que el Vaticano insiste en decir que no fue entendido). Para el Vaticano es importante ahora tomar distancia de las posturas de Allam. 'O acaso los musulmanes deben asumir el bautismo de alta visibilidad administrado por el Papa como un apoyo papal a las posturas de Allam respecto a la naturaleza del Islam (que no por casualidad coinciden con el mensaje de Ratisbona)?
3. Es triste que Benedicto XVI escoja poner como mensaje fundamental de su discurso religioso durante la especial celebración de la Pascua una contraposición casi maniquea entre los símbolos de las “tinieblas” y la “luz”, donde se asignan las “tinieblas” a los “otros” y la luz a “sí”. Y también es triste que la idea de “paz” expresada en tal discurso se reduzca a llevar a los “otros” al rebaño a través del bautismo. Por parte de Roma, un discurso tan totalitario sirve de todo menos de ayuda.
Todo el espectáculo con su coreografía, el personaje y los mensajes, provoca sinceros cuestionamientos acerca de los motivos, las intenciones y los planes de algunos de los consultores del Papa sobre el Islam. No obstante ello, no dejaremos que este infeliz episodio nos aparte de nuestro esfuerzo de perseguir “Una palabra común” por el bien de la humanidad y de la paz mundial. Nuestra base de diálogo no es una lógica de reciprocidad “ojo por ojo”. Es más bien una teología que se compadece por “sanar lo que existe entre nosotros”, por el respeto del Dios Amor y del amor por el prójimo.
24 de marzo del 2008
por Aref Ali Nayed
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