La caída de Constantinopla es una herida que sangra todavía. La pretensión de Turquía de entrar en la Unión Europea en base a ese pequeño territorio que ocupa en nuestro continente, sirve para recordar a toda Europa que está pendiente un deber de Reconquista de una tierra y de una ciudad en la que están dos símbolos de nuestra identidad: la Basílica de Santa Sofía y la Columna Serpentina, último vestigio en pie de la Victoria de Platea.
No hay mal que por bien no venga y el avance otomano hasta el corazón de Europa, con el patrocinio de Estados Unidos y sus aliados, hará que la parte más noble de nuestro pueblo vuelva sobre si mismo y recupere del fondo de los siglos la llama de la identidad perdida.
Sólo mediante la recuperación del orgullo se puede percibir la ofensa. Hoy no existe dignidad, ni autoestima, por eso la invasión islámica por todas la calles de las ciudades de Europa se toma como algo liviano, una vivencia lúdica propia de esta mal llamada sociedad multicultural.
Pero al final, Europa renacerá de sus cenizas, llevando la bandera de su identidad hasta sus confines, incluido el Bósforo.
El imperio bizantino en imágenes de iglesias, monasterios y manuscritos. La canción se llama "Los coros de todas las iglesias estaban cantando" y es interpretada por el conjunto griego Early Music Workshop. El CD se titula "Constantinopla, mi amada Ciudad".