FTurquía está de actualidad renovada por la reciente toma de postura de sus Fuerzas Armadas respecto a la elección del presidente de la república.
Cuando leemos las crónicas acerca de lo que allá está pasando, el periodista de turno suele tomar partido contra los militares, faltaría más. El lugar común de estos plumíferos es, de mano, darle caña al Ejército, y luego ya se arreglará la argumentación para que todo encaje.
Pero no encaja. En el caso de Turquía ni siquiera encaja con los manoseados tópicos del laicismo de Occidente, que en éste es bueno, pero allí es malo. Increíble paradoja que acaba por dar todo el aval a una opción política directamente inspirada en el medioevo islámico.
Al "intelectual" guardián del pensamiento dominante le repugna todo de cuanto orden no sometible a relativismos coyunturales representa el estamento militar. Sin embargo, en el caso de Turquía, la substitución del militarismo actual llevaría antes o después a un régimen confesionalmente islámico, en un proceso que guarda semejanza al acaecido en Irán, en que desde la monarquía autoritaria del Sha se llegó al estado teocrático actual.
¿Es eso lo que quieren los evangelistas de la mundialización?
El estamento castrense está manteniendo un régimen nacionalista, de cariz autárquico, que se resiste al desmantelamiento de las fuentes de riqueza propias para convertir Turquía en una simple terminal de descarga de los productos que las multinacionales fabrican en Asia oriental.
Una nueva burguesía fanática del Islam, apoyada por Arabia Saudita, intenta desplazar a la antigua clase hegemónica surgida de la revolución de Ataturk. Los barones de la nueva economía están dispuestos a entregar el mercado nacional a cambio de lograr el apoyo de Occidente a sus postulados teocráticos.
Así de contradictoria es la política de EEUU y la UE. Turquía, como mercado, con sus 100 millones de habitantes que tendrá en el momento previsto de la adhesión (el censo actual está falsificado a la baja, para disminuir la alarma en las naciones de Europa), bien merece que se le cante al “Profeta” desde Lisboa hasta Atenas. Entre el Islam hasta los últimos rincones de la vieja ex-Cristiandad, que, a cambio, hasta los pueblecitos más recónditos de Anatolia llegará el nuevo evangelio de Occidente: el mercado universal.
Claro que los pueblos no son agregados de individuos, como afirman neciamente los liberales, sino que reaccionan y se comportan en virtud de estímulos colectivos, de sentimientos arraigados más allá de las estadísticas, de vínculos de cohesión que, por muy triturados que estén por los cirujanos del homo consumens, si no son tenidos en cuenta, pueden hacer que todo acabe en un enfrentamiento bien entre estados, bien entre razas, o incluso, no se descarte, entre religiones.
Claro que estos riesgos son una menudencia para los talibanes de la globalización. Que no pare el convoy, ¡a toda máquina!, rumbo a la niebla de un negro porvenir y Turquía en la UE a cualquier precio. Condoleeza dixit.
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