
FILOMENA ABRANTES, presidenta de la asociación de residentes afroamericanos en Álava
FILOMENA ES MIEMBRO DEL JURADO QUE OTORGA CADA AÑO EL PREMIO DOLORES IBARRURI, LA PASIONARIA , NOMBRADA POR EL GOBIERNO SEPARATISTA VASCONGADO
vitoria. Esta angoleña, afincada en la capital alavesa desde la década de los 80 pero llegada a Europa dos décadas antes, hace el listado diario para repartir sus escasos recursos entre los más necesitados. Mientras da la vez se produce una conversación muda. Por señas, las mujeres vestidas con sus trajes tradicionales revelan sus inquietudes con una mirada, enseñan sus miedos con gestos y descubren sus sueños mediante suspiros para sobrevivir en la jungla del primer mundo.
¿Por qué existe mayor presencia de africanos en Álava que en Bizkaia o Gipuzkoa?
No tengo una respuesta clara, pero es evidente que el inmigrante va donde cree que mejor va a estar. Viene en busca de otros horizontes, de otras expectativas, de mejorar su futuro y el de su familia. Saben que va a ser difícil pero tampoco es nada fácil lo que dejan atrás.
¿Qué obstáculos deben salvar al llegar a una ciudad como Vitoria?
Siempre digo que la selva de Europa no es menos espesa que las selvas de sus países de origen en muchos casos. Aquí las lianas llevan el nombre de racismo, trabajos precarios, idioma, choque cultural, la religión en algunos casos, la carencia de afecto por estar lejos de los suyos... Son muchas situaciones. A veces, demasiadas.
El inmigrante africano que llega a Vitoria, ¿se queda y rehace su vida aquí, está de paso a Francia en el caso de los marroquíes o siempre confía en volver a su tierra?
La mayoría viene a la incertidumbre, pero tiene en mente volver. Muchos llegan con la idea de ganar el suficiente dinero para arreglar el baño de su casa en Argelia o Marruecos, otros tienen en Vitoria un lugar de paso hacia Francia donde hay más compatriotas y más facilidades para evitar el desarraigo. Muy pocos, escasísimos, se quedan. Quizá si algo tiene Vitoria y que para ellos es interesante es que aquí pueden regularizarse y tener los papeles en un tiempo más rápido que en otros lugares.
¿Qué situaciones son las que más les sorprenden nada más llegar?
Muchas cosas y con cada nacionalidad puede variar. Pero algo común, quizá, a todos ellos es el cambio cultural tremendo. Les suele chocar el poco respeto de los niños a sus padres, a sus mayores. Creen que están muy consentidos y los consideran muy mal educados. En la cultura africana en general, responder a un mayor, no hacerle caso, dar prioridad a las necesidades del niño antes que a las del anciano, no se acepta. Tampoco comprenden las salidas hasta altas horas de la madrugada de los jóvenes. Es algo que los padres africanos con hijos no admiten.
¿Cuántos de estos inmigrantes con los que convive día a día cree que logran su objetivo, su sueño?
La mayoría, después de pasar un tiempo en busca de su sueño, acaba por despertar y darse cuenta de que no resuelve nada.
¿Cree que ahora están mejor aceptados por los vitorianos que hace unos años?
Lo que antes parecía extraño, por ejemplo un negro paseando por la calle Dato, ahora es lo más normal, pero eso no significa que la cercanía sea mayor.
¿Existen muchos recelos?
Desde luego. Cuando alguien contrata a alguna mujer marroquí para las tareas domésticas lo primero que se pregunta es si sabrá limpiar la casa. En África, en general, las mujeres tienen el rol de ama de casa muy asumido, son muy limpias, les gusta. Las marroquíes, por ejemplo, son excelentes reposteras, pese al recelo de quién les contrata.
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